Qué es esto de las habilidades sociales

El pasado mes de julio en el artículo que escribimos sobre Inteligencia Emocional  aparecía el concepto de habilidades sociales. En concreto, cuando hablábamos de Competencia social decíamos que es saber mantener buenas relaciones con otras personas. Esto implica dominar las habilidades sociales, capacidad para la comunicación efectiva, respeto, actitudes pro-sociales, asertividad, etc.

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¿Pero qué son las habilidades sociales?

No es sencillo establecer una única definición, haciendo una revisión de diversos autores ( Caballo; Kelly y Leon) las habilidades sociales son la conductas aprendidas, que mostramos las personas en situaciones de relación con los demás, en las que expresamos los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás.

De esta definición me gustaría destacar tres elementos importantes:

  • Aprendidas, son conductas que podemos desarrollar por lo que pueden ser adquiridas con una adecuada formación. Es importante saber que NADIE nace siendo socialmente hábil, sino que podemos ir desarrollando estas capacidades a los largo de nuestra vida.
  • Adecuado es otra de las características que definen estas habilidades. En el momento adecuado, a la persona adecuada y en el lugar adecuado. La inoportunidad no es una de las características de estas conductas.
  • En los demás, la idea que los demás también tienen deseos y tienen necesidades y por lo tanto también hay que tenerlos en cuenta a la hora de ser hábiles socialmente.

Ya sabemos que son las habilidades sociales,

 

¿Pero qué cosas hacen las personas que muestran estas capacidades?

Algunas de las conductas que muestra este tipo de personas son:

  • Hacer y recibir cumplidos
  • Hacer y rechazar peticiones
  • Iniciar y mantener conversaciones
  • Hablar en público
  • Pedir cambio de conducta
  • Disculparse
  • Admitir ignorancia
  • Manejo de críticas
  • Realizar entrevista de selección

Actualmente, estas habilidades sociales se relacionan con el éxito personal y social, siendo consideradas como una de las competencias del siglo XXI.

Es por ello que desde el SIE hemos puesto en marcha un curso que os ayuda a adquirir este tipo de habilidades que son valoradas por las empresas a la hora de hacer sus procesos de selección.

Nuria Garcia Serra, Técnico de Orientación y Empleo del Servicio Integrado de Empleo de la Universitat Politècnica de València (Valencia)

¿Gestionamos nuestro tiempo o nos manejan las circunstancias?

El tiempo es  un recurso muy diferente de los que estamos acostumbrados a manejar. Es imprescindible para cualquier acto humano, no hace distinciones entre las personas, el día tiene 24 horas para todos.

Por desgracia no es almacenable, ni elástico y es insustituible.

El tiempo es inexorable, fluye en un solo sentido. Es gratuito pero muy valioso, tanto que nos empeñamos en poseerlo.

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Pero, ¿POR QUÉ sentimos que gestionamos MAL EL TIEMPO?

Si analizáramos las causas veríamos que, además de agentes externos que pueden “robarnos” el tiempo como llamadas, interrupciones y ese tipo de situaciones, en la mayoría de los casos la sensación de no saber gestionar bien el tiempo se debe a causas internas de la persona:

  • No sabemos organizarnos
  • Estamos acostumbrados a reaccionar sin pensar. Las situaciones nos sorprenden y no  acabamos de decidir qué queremos hacer con nuestra vida
  • No tenemos claras nuestras prioridades. Qué es lo que debemos  o no sacrificar o posponer para conseguir nuestras metas.
  • Solemos demorar las decisiones importantes por miedo a equivocarnos, lo cual va muy unido a nuestro exagerado perfeccionismo e inseguridad. Creemos que tomar una mala decisión nos llevará al desastre más absoluto y lo dejamos pasar hasta que se convierte en un asunto urgente y entonces caemos en el caso contrario, nos precipitamos.
  • Y por último, somos poco asertivos con personas y situaciones a las que deberíamos decir no.

 

Por ello  sería interesante que  incorporásemos a  nuestra vida buenos hábitos que nos facilitaran,  no solo cumplir nuestros objetivos, si no también,  y más importante, ser más felices, con el convencimiento que estamos viviendo la vida que queremos vivir.

 

Veamos cómo crear esos buenos hábitos.

 

1. Ejercitar nuestra capacidad de decisión

 

La acción es lo que determina la calidad y la cantidad de resultados en la vida de cualquier persona. Pero, ¿qué es lo que precede a cualquier acción? ¿Qué determina cómo nos comportamos y en definitiva cual es nuestro destino último en la vida? La respuesta es el poder de la decisión.

Todos tenemos este increíble poder y son nuestras decisiones las que en última instancia forjan nuestro destino. Toda decisión, aunque al principio parezca insignificante, si es positiva puede aportar mejoras espectaculares a tu vida.

Cuando uno toma una decisión de verdad se compromete a algo y corta el camino hacia cualquier otra posibilidad que no sea la que ha decidido convertir en realidad.

Comienza a ejercitar tu capacidad de decisión. Toma decisiones a menudo. Toma hoy algunas decisiones que hayas estado posponiendo durante algún tiempo y comienza a experimentar tu verdadero poder. Si lo haces habrás iniciado el trabajo para desarrollar el músculo emocional más poderoso que tenemos los seres humanos, la capacidad de cambiar nuestro destino en base a tomar mejores decisiones sobre cómo manejar nuestra vida.

La acción es lo que determina la calidad y la cantidad de resultados en la vida de cualquier persona. Pero, ¿qué es lo que precede a cualquier acción? ¿Qué determina cómo nos comportamos y en definitiva cual es nuestro destino último en la vida? La respuesta es el poder de la decisión.

 

2. Técnica de “un día detrás de otro”

Para alcanzar cualquier objetivo que realmente merezca la pena has de estar dispuesto a poner un alto nivel de compromiso, has de tener un deseo tan ardiente de lograr ese objetivo que te provea de la energía necesaria para persistir a pesar de la tentación de volver al antiguo patrón de comportamiento más cómodo.

Para lograrlo hay una técnica que suele dar muy buenos resultados: la técnica de “un día detrás de otro”.

Imagina que quieres comenzar a hacer ejercicio cada mañana a primera hora. Imaginarte levantándote pronto todos los días de tu vida puede ser abrumador y desmotivante. Pero si simplemente decides enfocarte en hacerlo por un día, se transformará en algo muy sencillo. Todo el mundo puede levantarse pronto un día para hacer algo de ejercicio.

 

3. La programación semanal: claves

 

Clave I – Antes de comenzar una semana dedica 30 minutos a programarla

Elige 30 minutos del fin de semana en los que puedas estar relajado y enfocado a programar la semana siguiente.

Dedica esos minutos a reflexionar sobre lo conseguido la semana anterior y fíjate metas para la siguiente semana.

 

Clave II – Diferencia claramente lo importante de lo urgente.

La programación ha de estar siempre basada en actividades que son importantes y que no hemos dejado que lleguen a ser urgentes.

 

Clave III La programación ha de ser “realista”.

Esto quiere decir que debemos evitar programar en exceso para comprobar, a veces, al final de la jornada, que gran parte de las tareas programadas han quedado sin hacer lo cual desemboca en sentimientos de frustración.

 

Clave IV – La programación eficaz siempre está basada en una lista de tareas ordenada por prioridades.

 

Clave V – Es fundamental mantener una visión con perspectiva.

No se trata de ver únicamente el día a día sino el objetivo perseguido.

 

Clave VI – Hazte cada día dos preguntas clave.

¿Cuál es la tarea más importante que puedo hacer hoy que suponga el mayor impacto positivo en mi vida profesional? ¿Y en mi vida personal?

 

Clave VII – Dedica todos los días 10 minutos a programar.

Determina el orden y la importancia de cada acontecimiento en tu vida

 

Clave VIII– Utiliza la regla del setenta – treinta.

De nuestro tiempo productivo de la jornada hemos de programar aproximadamente un 70%. Dejaremos sobre un 20% de nuestro tiempo sin programar para poder hacer frente a imprevistos, interrupciones y actividades que no programamos. Y por último, haremos una reserva absoluta de un 10% de nuestro tiempo para poder abordar aquellas tareas de vital importancia y que requieren toda nuestra concentración y energía. 

 

Clave IX – Piensa en resultados y no en tareas.

Demasiadas personas se enfocan únicamente en que sus agendas estén repletas y en mantenerse activas. Gran error, tiene más importancia determinar el destino correcto que la velocidad con la que avanzamos. Enfócate en los resultados y cíñete a las tareas realmente importantes.

 

Clave X Cuando reserves un tiempo para completar una tarea respeta al máximo esa cita contigo mismo.

No caigas en la trampa de tener miedo a decir “no” a los demás;  asigna siempre la prioridad que merecen tus “citas contigo mismo”.

 

Y, poco a poco, casi sin darte cuenta, comenzarás a implantar un nuevo hábito. Recuerda siempre que los hábitos se crean por la suma de acciones repetidas diariamente a lo largo de un determinado periodo de tiempo.

 

En definitiva, toma el control de tu vida, que no te manejen las circunstancias. Puede que no controles alguno de los acontecimientos de tu vida pero lo que siempre controlarás es cómo reaccionas ante esos acontecimientos.

 

Inmaculada Badenes Luz, Orientadora Profesional en la Universidad Politécnica de Valencia.

La Inteligencia Emocional o Competencia Emocional.

La publicación de Emotional Intelligence de Daniel Goleman (1995) significa una difusión sin precedentes de un concepto que hasta entonces había pasado desapercibido para el gran público; este libro se convierte en un best seller en muchos idiomas. A partir de mediados de los noventa, la inteligencia emocional es un tema de interés general por parte de la sociedad, de tal forma que empiezan a aparecer artículos, primero en revistas de divulgación y después en las científicas, y libros sobre el tema.

Goleman (1995) define inteligencia emocional como “capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos  y de manejar adecuadamente las relaciones”.

Para poder definir los elementos de la Inteligencia Emocional, vamos a utilizar las aportaciones de Rafael Bisquerra (2003), este establece que la competencia emocional se puede agrupar en 5 bloques:

  1. Conciencia emocional. Consiste en ser consciente de las propias emociones y de las emociones de los demás. Una de las conductas básicas dentro de esta es saber dar nombre a las emociones.

A veces es difícil identificar y poner nombre a los que sentimos. ¿Cómo podemos identificar las emociones que sentimos?

Recientemente he descubierto un proyecto desarrollado por Rafael Bisquerra y Eduardo Punset, denominado “Universo de las emociones “(puedes consultarlo en http://universodeemociones.com/galaxias-2/), en el que basándose en la 6 emociones básicas (alegría, amor, felicidad, ira, miedo y tristeza) han categorizado o clasificado alrededor de éstas un número importante de emociones.

Para aquellos que os cueste identificar vuestras emociones puede ser de gran ayuda consultar esta página.

  1. Autocontrol emocional. Capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Supone habilidad para autogenerarse emociones positivas, para expresar las emociones de forma apropiada, y para afrontar emociones negativas.
  2. Autonomía Emocional. Dentro de esta se encuentra la autoestima, actitud positiva ante la vida, responsabilidad, lcapacidad para buscar ayuda y recursos, así como la autoeficacia emocional y la resiliencia (que describiremos en futuros artículos) .
  3. Competencia social. Saber mantener buenas relaciones con otras personas. Esto implica dominar las habilidades sociales, capacidad para la comunicación efectiva, respeto, actitudes pro-sociales, asertividad, etc.
  1. Competencias para la vida y el bienestar. Capacidad para adoptar comportamientos apropiados y responsables para afrontar satisfactoriamente las diversas situaciones. Capacidad que nos permiten organizar nuestra vida de forma sana y equilibrada, facilitándonos experiencias de satisfacción o bienestar.

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Artículo basado en Bisquerra, R y Perez,  (2007): Las competencias emocionales. Educación XXI,  10, 62-82.

Nuria García Serra, Técnico de Empleo en el Servicio Integrado de Empleo de laUniversitat Politècnica de València.